Cuando uno lee la retahíla de patrocinadores, públicos y privados, que han hecho posible la gira europea de la Sydney Symphony, se cae en la cuenta de lo lejos que queda Australia de la vieja Europa, y del enorme gasto que supone enviar una orquesta sinfónica a las antípodas. De hecho, recuerdo haber escuchado una única vez a este conjunto, y fue in situ en el concierto de toma de posesión de Edo de Waart, allá por 1993. En aquella ocasión, el ruido a propósito de un Anillo sin palabras, y la emoción de visitar su ilustre casa, seguramente hicieron que no reparase demasiado en la calidad de la orquesta. Esta noche no había excusas, y además la acústica del KKL no deja lugar a dudas. No diré que la Sydney Symphony es una de las buenas orquestas del mundo, pero sí puede clasificarse entre las muchas y honradas segundonas que hay por (casi)…
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