La festiva obertura brahmsiana no deja de ser, a pesar de sus destinos, un trabajo serio del compositor alemán. La línea de la cuerda baja es el cimiento que sostiene con fuerza y solidez, pero con inocultable transparencia, el armado sonoro que crea, de a poco, momentos de una gran tensión pero que siempre encuentran adecuadas soluciones. Esto es arte musical aun cuando existan obras del mismo autor de mucha mayor envergadura desde que esta, con inusual humor, está basada en cuatro canciones de taberna que el compositor recordaba del breve tiempo en que había cursado estudios en la Universidad de Göttingen. Hasta cierta aspereza expositiva se oye con placer. Por supuesto, para llegar a esto hay que contar con traductores predispuestos a entregar lo mejor. Al final hablo de ellos.En tiempos del maestro venezolano Felipe Izcaray, la…
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