Si en todo el ciclo de sinfonías beethovenianas la asistencia de público había sido multitudinaria, el cierre resultó aún más llamativo: a una sala repleta a rebosar hay que añadir -por primera vez en mucho tiempo- personas de pie al fondo del patio de butacas en un número bastante considerable. Muestra más que palmaria de la enorme adhesión que estos conciertos han suscitado. Una asistencia que, por fortuna, se mostró sumamente atenta y silenciosa, dando una clara demostración de respeto hacia la música y sus intérpretes. Con toda lógica, Barenboim obliga a que el Coro ocupe sus lugares desde el inicio de la obra y solo los cuatro solistas consiguieron la dispensa de entrar más tarde: como se ubicaron por detrás de la orquesta su ingreso no concitó aplausos, que hubiesen interrumpido el lógico desarrollo de la obra, como sucedió, por…
Comentarios