El Teatro Mariinsky de San Petersburgo, uno de los baluartes de la gran tradición rusa de la ópera y el ballet, entró definitivamente en una nueva fase a partir de 1988. Fue el año en que Valery Gergiev se hizo cargo de la dirección musical del teatro. Gergiev, que antes de esa fecha ya había estado asociado al Mariinsky como asistente de Temirkanov (de quien aprendió, seguramentemente, muchas lecciones sobre los ballets de Stravinsky que dirigió en Donostia), trajo aire fresco al coliseo peterburgués al revisitar, gracias a su marcada y original personalidad, el gran repertorio ruso desde Glinka hasta Shostakovich y más allá. Además, con un público acostumbrado a las extraordinarias, pero clásicas, escenografías al estilo de Bilibin, tan características del Mariinsky, Gergiev se mostró siempre abierto a introducir las nuevas tendencias…
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