Tercer día consecutivo de lleno absoluto en el Colón, en un período -esta segunda quincena de agosto- que sin duda pasará a la historia grande del Teatro por la jerarquía de los ilustres visitantes que se están dando cita aquí. Con muy buen tino y considerando que el plato fuerte de la velada era la intervención del pianista húngaro, el programa tuvo una conformación inhabitual, con las dos obras sinfónicas -de enorme despliegue sonoro y que requieren importantes formaciones orquestales- en la primera parte y el concierto en la segunda. Pese a su grandeza y señorío, resultó inevitable que el ‘Emperador’, que emplea un conjunto de corte clásico, resultase una pizca perjudicado por la opulencia dinámica antes apreciada. La página straussiana que abrió la sesión estuvo bien encarada y aceptablemente resuelta. La orquesta, sin llegar a…
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