Hasta esta visita, todos considerábamos a Daniel Barenboim mucho más cercano a la música germana, con Beethoven, Wagner o incluso Mozart como autores más afines, que al lenguaje de Verdi. Incluso no sorprendió demasiado que dirigiese Aida con partitura. Pero es indudable que un artista privilegiado como es él, se adapta con enorme destreza a cualquier repertorio y sus versiones de las obras del músico italiano resultaron sumamente idiomáticas. Escuchar el imponente Requiem a cargo de todos elementos visitantes parece un lujo asiático que difícilmente se repita (y mejor no pensar demasiado en el desmesurado importe que, según se comenta, hubo que desembolsar para retribuir este supuesto “regalo” de Italia a la Argentina en su Bicentenario). Tuvimos así oportunidad de apreciar esta magna partitura en su incomparable grandeza y la impresión…
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