Discos

A vueltas con Ermione

Raúl González Arévalo

jueves, 23 de septiembre de 2010
Gioachino Rossini: Ermione, ópera en dos actos (1819?). Libreto de Andrea Leone Tottola. Carmen Giannattasio (Ermione), Patricia Bardon (Andromaca), Paul Nilon (Pirro), Colin Lee (Oreste), Bülent Bezdüz (Pilade), Graeme Broadbent (Fenicio), Rebecca Bottone (Cleone), Victoria Simmonds (Cefisa), Loic Felix (Attalo). Geoffrey Mitchell Choir. London Philarmonic Orchestra. David Parry, director. Grabado en el Henry Wood Hall de Londres en marzo de 2009. 2 CD (DDD) de 134 minutos de duración. Opera Rara ORC42. Distribuidor en España: Diverdi
No cabe duda de que Ermione es, con Maometto II, la ópera rossiniana más difícil del período napolitano. No en vano el Cisne de Pesaro la definió “mi pequeño Guillermo Tell italiano”. Al trío protagonista habitual -Colbran, Nozzari, David- se le unía la contralto Benedetta Pisaroni, el mismo cuarteto que repetiría en La donna del lago. Sin embargo, como obra se ha representado menos que esta última desde los inicios de la Rossini Renaissance.

Quizás la explicación haya que buscarla en las dificultades intrínsecas de la partitura (no es que la Donna sea fácil, pero sí más asequible bajo ciertos aspectos). Ermione requiere una protagonista que domine la coloratura di forza y el canto di sbalzo de la misma manera que Armida, con la que comparte una extensa escena muy exigente en el último acto. Como Armida, requiere tres tenores (el papel de ‘Pilade’ no es protagonista, pero tampoco comprimario) en partes comprometidas: ‘Pirro’, a diferencia de ‘Rinaldo’, tiene un aria ('Balena in man del figlio') que se encuentra entre lo más difícil de todo el universo tenoril rossiniano, además de dos dúos (con ‘Andromaca’ y ‘Ermione’) que requieren una gran expresividad. Pero sobre todo, lo que le diferencia de los demás papeles serios napolitanos de Nozzari es la amplitud fenomenal que requiere el registro central para dar el peso justo a los declamati que jalonan la parte, reforzando el carácter neoclásico de la obra. ‘Oreste’ es parte agudísima y ágil, cuya cavatina 'Che sorda al mesto pianto' se convirtió en aria de baúl de tenores posteriores como Rubini. El drama está mucho más conseguido, y por tanto es más exigente, que en la postrera Zelmira.

En tiempos recientes la pareja Nozzari-David fue emulada por Chris Merritt y Rockwell Blake. Ninguno de los dos grabó Pirro ni Oreste comercialmente. Los conocedores saben que deben hacerse con las grabaciones pirata que circulan de las funciones pesaresas que pusieron el punto de mira internacional en el título en 1987. Ambos repitieron en Roma (1991), retransmitida pero no publicada por la RAI italiana, en la que probablemente sea la más versión más satisfactoria de todas por la presencia de Antonacci. Los tres son una referencia absoluta.

Si hacemos una comparación entre los registros oficiales y la nueva propuesta de Opera Rara, encontramos resultados alternos. Como ‘Pirro’, Ernesto Palacio es notable pero no del todo adecuado por la falta de mayor amplitud (Erato). Menos satisfactorio Jorge López-Yáñez, con evidentes dificultades por la tesitura inclemente y las exigencias de la coloratura (Warner Music). Gregory Kunde ha abandonado los papeles ligeros para reinventarse como baritenor en los últimos años, con resultados alternos. Si su Otello es plenamente convincente, menos lo son ‘Rodrigo’ y ‘Pirro’, más exigentes, aunque pocas alternativas hay en este momento y su trabajo, también en directo (Dynamic), es interesante. Pensar en el resultado que habría ofrecido Bruce Ford (que de Nozzari ha grabado para Opera Rara ‘Leicester’, ‘Agorante’, ‘Antenore’ y ‘Otello’) es un ejercicio inútil, y ahí están también sus directos. Frente a todos ellos Paul Nilon se acerca más a la evolución de Ford y Kunde, resultando más convincente que este último, con las oportunas reservas para ambos. Los graves son más llenos y más consistente el registro central, a pesar de cierta prudencia con la que aborda los pasajes declamados (¿o es sólo una cuestión de la dirección?). La coloratura tiene una gran fluidez, si bien las variaciones son discretas; el fiato permite algunas frases espectaculares que en disco apenas se le pueden escuchar a Blake por la duración y la precisión. Para muestra, el aria citada. Una magnífica sorpresa.

‘Oreste’ está mejor servido. Merritt, cogido en su punto álgido, resulta espectacular con Scimone (Erato), a pesar de que resultara imbatible como ‘Pirro’. Bruce Ford (Warner Music) es la mejor opción de todas: no tendrá el virtuosismo delirante de Blake, pero el timbre es más bello y ofrece una interpretación igual de intensa (el dúo final con ‘Ermione’ es buena muestra). El canto di forza de Antonino Siragusa (Dynamic) no resulta enteramente satisfactorio, le supera aquí Colin Lee, la gran sorpresa de la grabación tras el buen ‘Rodrigo’ encarnado en la Donna del lago parisina de junio pasado. Firma su mejor prestación discográfica hasta la fecha, no se le resisten ni la coloratura ni los agudos y el personaje está bien interpretado; contrasta adecuadamente con Nilon aunque, al igual que a éste, se le podría exigir un mayor arrojo en las variaciones. En todo caso, son una pareja tenoril más equilibrada que López-Yáñez-Ford y Kunde-Siragusa, pero no que Palacio-Merritt.

Nunca he considerado a Margarita Zimmermann paradigma del canto rossiniano, si bien su ‘Andromaca’ (Erato) está mejor que ‘Calbo’, ambos con Scimone. Le supera en conjunto Diana Montague (Warner Music), aunque su timbre claro de mezzo difícilmente podía evocar el de Pisaroni, problema al que también se enfrenta una correcta Marianna Pizzolato (Dynamic). Como viuda de Héctor la palma se la lleva Patricia Bardon, cuya ‘Andromaca’ es superior al ‘Malcolm’ previo. El timbre más oscuro y las características contraltiles de la voz la convierten en la mejor opción vocal, aunque Montague y Pizzolato resulten más desamparadas y maternales.

Llegamos así a la protagonista absoluta, la soprano. Las dificultades de los papeles Colbran son sobradamente conocidas: las sopranos tienen problemas con los graves, las mezzos en los agudos. Aquí se impone un nombre sin discusión: Anna Caterina Antonacci (Warner Music), con una visión penetrante y desquiciada del personaje, una belleza de timbre difícilmente superable y una formidable coloratura di forza: prácticamente perfecta. Cecilia Gasdia (Erato) es demasiado ligera para la parte, a pesar de que dice muy bien, y los resultados de Sonia Ganassi, que parece haber tomado a Antonacci como modelo en algunas elecciones, con momentos buenos, no alcanzan las cotas de los de su compatriota. Creo firmemente que a Carmen Giannattasio le sienta mejor Donizetti que Rossini, aunque esta ‘Ermione’, pese a cierta sensación de precaución, me gusta más que la ‘Elena’ previa con los ingleses. Como era previsible, la partitura está cuajada de frases bajas para ella, lo que le lleva a acercarse con prudencia al registro medio-grave, forzando incluso en busca de una plenitud que no posee de natura, con los consiguientes riesgos en la homogeneidad. La coloratura es buena, nada más, estando semiaspiradas las vocalizaciones más rápidas, lo que contrasta con las agilidades ligadas de Nilon y Lee. Le favorece sin embargo que Rossini exprese el desasosiego y la desesperación final del personaje con frases entrecortadas. Además, el registro agudo no supone ningún problema, el canto es cálido y al frasear con sentido del drama la interpretación no carece de brío, en especial en su gran escena, en la que consigue reflejar el colapso de la princesa griega. Sin ser la intérprete ideal tiene buenos momentos, aunque tengo claro que el campo natural de su instrumento son los papeles románticos más líricos.

Los secundarios se desempeñan bien, con mención de honor para Bülent Bezdüz (‘Pilade’) y Rebecca Bottone (‘Cleone’). En cierto sentido Opera Rara ofrece el reparto más equilibrado de todas las alternativas porque aunque ningún nombre se impone sobre las demás opciones de manera individual, el nivel de conjunto es más satisfactorio.

El Geoffrey Mitchell Choir siempre se desempeña a muy alto nivel, pero aquí se supera; el coro inicial 'Troia; qual foste un dì' anuncia a la perfección la tragedia inminente. La Filarmónica de Londres supera a todas las demás en calidad y precisión, subrayando los aspectos neoclásicos de la partitura bajo la sólida dirección de David Parry. Aunque el director inglés no ha obtenido sus mejores resultados en Rossini y se echa en falta una mayor incisividad en los tempi de ciertas escenas, no se puede dejar de apreciar la unidad interna que confiere a la interpretación, la coherencia del acercamiento, y la habilidad para manejar las grandes estructuras propuestas por el compositor.

En una ópera tan complicada, Opera Rara hace una propuesta honesta no exenta de atractivo por el resultado del esfuerzo conjunto, con la presentación cuidada de siempre.

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