¿Victoria o derrota aplastante esta Tercera sinfonía en el ciclo de Mahler al centro de la temporada de la Filarmónica de Londres? Según como se la mire. Técnicamente, la orquesta triunfó con un penetrante despliegue de virtuosismo cromático y una expresividad sombría, trágica, acentuada fervorosamente en cada acorde y cada nota forzadamente contenidos en dinámicas extremas y tiempos lentísimos. Pero no hubo ni humor ni poesía en este paroxismo hierático e implacable. Tampoco flotaron los cantabile como ocurre en interpretaciones mahlerianas donde los énfasis nunca ahogan la espontaneidad. En el segundo movimiento, Jurowski y su orquesta aplastaron las flores imaginadas por el compositor con un expresionismo extremo y pesado en un ritmo donde la lentitud hizo peligrar el desarrollo dinámico. Y nada, pero nada de “cómodo” o “scherzando”…
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