A diferencia de algunos que estos días escriben obituarios y despedidas en medios de comunicación, compañeros de profesión y plumas habituales de la crítica musical, yo no conocía personalmente a Joan Sutherland. Tampoco tuve la oportunidad de escucharla en directo, acababa de retirarse cuando empezaba mi acercamiento a la lírica. Mi despedida es la de tantos amantes de la ópera a los que se les encogió el estómago cuando hace unos días se enteraron de que una de las grandes estrellas del siglo XX había fallecido. No deja de sorprender la sensación de orfandad con la desaparición de una persona que no es de la familia, ni del entorno de las amistades, pero que está presente en las vidas de muchos incluso de manera más continua, a través de sus discos.No voy a rememorar su carrera ni sus hitos de manera sistemática, ni voy a recordar las…
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