Título extraño, ¿no? Es que no encontré una forma mejor de sintetizar todo lo que pasaba por mi mente, observando y oyendo cómo el pianista Javier Anderlini, acaso uno de los mejores músicos de la orquesta, mostraba el modo en que había superado el daño moral producido por el o los responsables de la programación sinfónica ignorándolo desde marzo de 2009 hasta la fecha. Superó su depresión, su desánimo, su tristeza, sobre todo cuando teniéndolo en Salta como miembro de la orquesta, venían otros pianistas de menor rango a ocupar un lugar que naturalmente debía haber sido de él. Enfrentó el temible Concierto de Johannes Brahms (1833-1897), obra maestra del autor germano aunque no lo mejor de sus pentagramas. Recuérdese que por esos años -1854 a 1859- el autor vivía la pesada carga del desorden mental de su gran amigo Robert Schumann quien…
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