Bastaron unos pocos compases de la obertura de Weber para comprender que nos hallábamos en presencia de una orquesta de excelente comportamiento, con un cuarteto de trompas infalible (si, parece que es posible tocar un concierto completo sin pifiar una sola nota: espero que nuestros cornistas tomen debida nota de este hecho singular) y una cuerda superlativa. En este sector, bien nutrido por cierto en las dos obras sinfónicas, se podía comprobar que todos y cada uno de sus integrantes lograban extraer un importante caudal sonoro de sus instrumentos, a la vez que ponían el máximo empeño para dar lo mejor de sí en lo que hace a afinación -impecable- calidad, densidad y homogeneidad de sonido, conformando así un grupo altamente calificado y de un rango dinámico y versatilidad muy grande. Las restantes partes de la orquesta no le van…
Comentarios