Dentro de la serie de conciertos que para el presente año tenía preparada nuestra Filarmónica, había dos que se destacaban por la astucia con que fueron estructurados, dedicando cada uno de ellos a un país: este y el siguiente, que en origen estaban formados por páginas de compositores italianos y británicos, llevando los títulos de ‘El Gen Italiano’ y ‘Flemáticos Apasionados’ el segundo. Huelgan los comentarios sobre tales denominaciones. Sin que mediara explicación alguna ni motivo que lo forzara, Diemecke quitó la obra que abría esta sesión ubicando en su lugar la partitura de autor británico e insertó en el siguiente concierto una obertura de Rossini, con lo que rompió de forma total el sentido lógico de los dos y los trocó de claros exponentes de un programar ingenioso en las habituales mezcolanzas sin ton ni son. Por suerte, no fue…
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