Como salteño he sentido vergüenza ajena. Se le ofreció al excelente pianista Alexander Panizza un piano que no puede estar en el Teatro de la Provincia. Se trata de un Kawai de cola que bien merece tres cosas. Primero: investigar quién, cuándo y cómo se compró un piano tan innoble. Segundo: sacarlo del teatro y traer el Steinway de la provincia, que tiene sus muchos años pero es mas confiable en lo que a duración de la afinación respecta, llevando el Kawai para que sirva de estudio pero nunca más como instrumento de concierto. Tercero: confirmar si fue debidamente afinado pues si bien comenzó así, al terminar el primer movimiento ya no lo estaba y allí comenzó la lucha sin cuartel entre el solista invitado por entregar su mejor discurso con un instrumento que se negaba a ello. Ni siquiera la belleza del ‘Andante’ donde lució el…
Comentarios