Discos

Mercadante: suma y sigue

Raúl González Arévalo

jueves, 2 de diciembre de 2010
Saverio Mercadante: I normanni a Parigi, tragedia lírica en cuatro actos (1832). Libreto de Felice Romani. Barry Banks (Odone), Judith Howarth (Berta), Katarina Karnéus (Osvino), Riccardo Novaro (Ordamante), Graeme Broadbent (Tebaldo), Aled Hall (Ebbone). Geoffrey Mitchell Choir. Philarmonia Orchestra. James Clark, director. Grabado en el Henry Wood Hall, Londres (Reino Unido) en mayo de 2009. 1 CD (DDD) de 77 minutos de duración. Opera Rara ORR249. Distribuidor en España: Diverdi
Tras una Ermione estupenda en términos generales [ver crítica], Opera Rara cierra el curso con la última contribución a la colección Essential Opera Rara, una selección de I normanni a Parigi de Mercadante. El compositor de Altamura siempre ha figurado entre las prioridades de la discográfica inglesa, que le ha dedicado tres registros íntegros, del primer período de madurez (Emma d’Antiochia, ver crítica) y del segundo (Oriazi e Curiazi y Virginia, ver crítica), así como tres selecciones, correspondientes al período juvenil (Maria Stuarda, Regina di Scozia, ver crítica) y al primer período de madurez (Zaira y ahora esta I normanni a Parigi). Se trata de un criterio absolutamente razonable, pues sus obras maestras (Il giuramento, Il bravo) cuentan con grabaciones discográficas y el compositor tiene un amplio catálogo que aún espera ser explorado dignamente.

De las óperas citadas I normanni a Parigi se sitúa entre Zaira (1832) y Emma d’Antiochia (1834), en un momento en que Bellini y Donizetti dominaban los escenarios y Mercadante pugnaba con Pacini por alzarse como el tercero en discordia en el triunvirato lírico italiano. Supone un punto intermedio significativo entre ambas: en Emma d’Antiochia la búsqueda de un lenguaje nuevo se traduce en melodías y una orquestación audaces, en una dramaturgia musical novedosa; es una característica que ya ha comenzado en Zaira, y que desarrollará un poco más con estos Normandos. Efectivamente, quizás debido a las dificultades de inspiración en cuanto a cabalettas se refiere -según el mismo confesaba a Florimo- hace que las strettas sean inusuales, o incluso que no comparezcan donde la convención las incluiría, como ocurre en el dúo del acto IV entre Berta y Ordamante, donde la tercera parte es en un tiempo lento-allegro. Es el clímax dramático y musical de una ópera con una trama absolutamente enrevesada, pero con una inspiración de indudable interés, a pesar de algunos aspectos incomprensibles, como la coloratura de corte rossiniano de la cavatina de Odone, o el empleo de una mezzosoprano en travesti para un papel principal, si bien la compañía de canto y las circunstancias obligaban.

Como siempre con los ingleses, nos encontramos ante un buen reparto que cumple como debe, sin deslumbrar en esta ocasión, pero sin fallar y con momentos sobresalientes. Judith Howarth repite con extractos de Mercadante (ya fue Maria Stuarda). Aunque anteriormente Laura Claycomb (que luce una mejor dicción) había asumido papeles creados por Adelaide Tosi (en las selecciones de L’esule di Granata de Meyerbeer y la integral de Alessandro nell’Indie de Pacini), Howarth hace justicia igualmente a las explosiones de coloratura y al canto di sbalzo, con unas inesperadas escaladas al sobreagudo que debían constituir la pesadilla de muchas sopranos. A su lado la recién llegada Katarina Karnéus muestra una voz cálida, carnosa incluso, aunque un dominio más genérico de las agilidades. Aguerrido en Rossini, Barry Banks es una buena opción para Odone, a pesar de una pronunciación un tanto ostrogoda (¡ay, se echa de menos a Bruce Ford!), mientras que Riccardo Novaro es un agradable descubrimiento.

El coro no tiene mucho desempeño en esta ocasión, aunque la introducción es muy buena: el trabajo de Renato Balsadonna con el Geoffrey Mitchell Choir es excelente. Como la aportación de la Philarmonia Orchestra, siempre una opción sólida por la calidad de las interpretaciones. Stuart Stratford es una nueva incorporación, esperable dado que se trata de un discípulo de David Parry, el director que más grabaciones ha hecho para la casa y su actual consejero artístico. Se aprecia su dirección sin prisas, permitiendo que los andanti respiren y cobren vuelo, así como el intento de imprimir tensión dramática a los momentos más reveladores de la trama. Sería interesante escucharle en una ópera completa.

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