La extensa temporada de este año de la Sinfónica en el Auditorio de Belgrano -una sala de buenas condiciones acústicas que permite apreciar en toda su dimensión la calidad de esta orquesta- continuó con una nueva presentación de su director titular, con quien el conjunto parece sonar de una manera mucho más homogénea, compacta y equilibrada. Aunque en un principio se había anunciado otra obertura de Berlioz menos transitada, El Corsario, problemas con el material orquestal obligaron a cambiarla por una mucho más habitual, ese rutilante Carnaval Romano que permite exhibir las bondades -aunque a la vez puede poner en evidencia los problemas- de una agrupación. Sin llegar a deslumbrar plenamente pero con una adecuada cuota de intensidad y brillantez, Calderón y los miembros de ‘su’ orquesta lograron recrear el exuberante clima de algarabía…
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