Todas esas mutaciones las pudimos observar en el recital que ofreció en el Museo Guggenheim de Bilbao, que inauguró el Festival KLEM-KURAIA que cada mes de diciembre tiene lugar en la ciudad. Para el recital, Caroli escogió cuatro obras de compositores vascos, además de dos de la autora rumana Doina Rotaru y una del francés Bruno Mantovani. Caroli comenzó y finalizó su actuación con piezas de Rotaru, de una extraordinaria delicadeza. Rotaru exige constantemente al flautista emitir en un punto intermedio entre la nota fundamental y el primer armónico, lo que se traduce en un sonido de una cualidad quebradiza y frágil. La rumana emplea sencillas melodías populares de su tierra, que constantemente se asoman al abismo de un lenguaje contemporáneo, pero consigue que esta mezcla nunca suene forzada, guardando siempre un afán de comunicación y…
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