Poco a poco, y tras zafarse del gulag estalinista, de la regresión a la edad de hielo brezhneviana y del esclerótico comunismo tardío, las antiguas repúblicas soviéticas van encontrando nuevas cárceles con las que perpetuar, bajo nuevas máscaras, ese desatino de dominación y violencia que es la historia de la humanidad. Si antaño eran los jerarcas ‘rojos’ quienes dictaban los principios del realismo socialista, diseñando unos imaginarios a medida del sistema; hoy son, en buena medida, oligarcas y nuevos popes los que se encargan de llevar a Rusia -y a sus países limítrofes (antiguos satélites; ahora, si acaso, sucursales)- hacia un futuro que nos recuerda demasiado al pasado: la historia no deja de batir su péndulo (guillotina), época tras época.En la Sinfonía Nº4 ‘Los Angeles’ (2008) del estonio Arvo Pärt (Paide, 1935) parecen darse la…
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