Se trataba del primer concierto con orquesta de Flórez en Bruselas (no en Bélgica) y de su debut en la principal sala de conciertos de la capital de Europa. Es difícil escribir algo que no sea una simple enumeración de adjetivos laudatorios, así que empecemos por lo que no funcionó siempre o del todo bien. Se sabe que las orquestas nacionales de un país no tienen especial predilección por aparecer en conciertos con arias de ópera, pero son ‘bolos’ que les caen y que cumplen con corrección -si hay suerte- y escasa convicción. Por fortuna, la de Bélgica es lo bastante profesional para lo primero, aunque no puede rehuir el aire de ‘aplicada y aburrida’. Ciertamente sonaron mejor en los fragmentos franceses, y en particular en los ‘puramente’ sinfónicos (como la ‘Meditación’ de Thais) que en los italianos, y dentro de estos últimos…
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