Luego de la noticia en Mundoclásico.com de que Valery Gergiev había cancelado un Boris Godunov en el Met, corrí esta semana al Barbican a ver como se recuperaba el pachucho. Si salía del trance, la noticia era auspiciosa porque “el incansable” es frecuentemente enervante en su exagerado derroche de energía. A cierta edad, un buen susto nos hace bien a todos, y más aún a esas luminarias que se empeñan en soplar y sudar para que admiremos su instinto trágico y sanguíneo. Después del telele Gergiev me pareció mejor que antes: asertivo, calmo, expresivo y sin esas gotas de sudor que tan a menudo diluyen la tinta en las partituras de su Mahler. El Concierto de Shostacovich comenzó con un ‘Nocturno’ que me pareció algo falto de la intensidad requerida para sostener un tiempo siempre lentísimo. Si bien es cierto que la orquesta es…
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