Recuerdo haberlo dicho en otra oportunidad: la expresión operística es un misterio. Y en esto le doy la razón a Peter Conrad. Costosa, enorme, absurda, porque para decir algo a alguien hay que decirlo cantando, y a pesar de todo no solo no desaparece, sino que año a año aumentan sus adeptos, conquista oyentes, como si fuera una especie de rito pagano, aunque en realidad es una expresión artística inigualable que mezcla teatro, música, voces, orquesta, escenografía, movimientos, argumentos, algunos casi infantiles, etc. En ella conviven el amor, la muerte, las envidias, las confidencias, el espíritu guerrero, la cobardía, la maldad, la bondad, lo mejor y lo peor del imperfecto ser humano, sus miserias o sus elevados espíritus. Todo esto escuchamos esta noche con resultados varios. El repertorio Rossini, en el fondo, es un tardío Mozart.…
Comentarios