Hay casualidades misteriosas (o no tanto). Acababa de recibir yo hoy dos noticias tremendas sobre la salud de personas cercanas y me estuve pensando si ir o no a este concierto. Pensé que se trataba de uno serio (de esos que cada vez hay menos) y que a lo mejor, como otras veces y como dice el lied de Schubert, la música ayudaría.Y tanto que ayudó. Porque, además del nivel de la interpretación (que no ejecución), empezó con la pieza de Purcell a la que le he robado el título. Las palabras de Dryden parecían hechas para la situación, un poco como las del más conocido texto del An die Musik de Schubert. Para mejor, los artistas cerraron su actuación repitiéndola (con acompañamiento de piano esta vez). Y ahora que, como sucede, uno vuelve a encontrarse con que las cosas no han cambiado y siguen mal o peor, uno tiene algo más a que…
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