Para quien esto escribe no caben dudas, máxime después de la impresionante demostración que significó este recital, de que Nelson Goerner es en estos momentos y por una buena distancia, el mejor pianista argentino en activo, sobre todo tomando en cuenta la absoluta negativa de Martha Argerich (la única personalidad con la que me animaría a compararlo) a presentarse sola sobre un escenario. A una técnica abrumadora, que le permitió superar con holgura los escollos que presentaba no sólo la obra lisztiana sino también la muy exigente partitura de Schumann, une Goerner una madurez interpretativa y una profundidad conceptual que muchos intérpretes alcanzan recién en etapas mucho más avanzadas de sus vidas pero que él está equiparando con poco más de cuarenta años. Me impresionó especialmente la serenidad y el aplomo con los que encara sus…
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