“Povero Attila!” comentó risueñamente una espectadora detrás de mí al final de la función, acertando así con la precisión de un láser en el núcleo dramático de esta curiosa versión verdiana del noble salvaje. Con Gengis Khan y Hitler, Atila integra la trilogía de prototipos de barbarie en 1500 años de historia europea. Pero en la idealización germánica de Zacharias Verne que inspirara a Verdi, el huno depone su ferocidad genocida tan sólo diez minutos después de comenzada la obra, no bien confronta la civilización italo cristiana encarnada en Odabella, aparentemente capturada con otras “vírgenes” para ser desvirgadas por el conquistador. La jóven aniquila la líbido del bárbaro al audefinirse como inspirada por un “Santo di patria indefinito amor!” Sigue una fulgurante cavatina donde Odabella se burla de las sumisivas hembras de los…
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