8,72E-05
Desde hace tiempo se viene hablando en términos económicos globales del despegue de Alemania, sobre todo si comparamos con el resto de países europeos que también se han visto afectados por la crisis. Sin embargo, poco se comenta sobre los recortes en cultura que desde hace unos años vienen aplicando las diferentes instituciones públicas alemanas. La parte de los presupuestos federales, estatales y locales destinada a cultura era tan solo del1%, por lo que sorprende la forma drástica en la que se están eliminado estos recursos. ¿Estamos siendo testigos de una transformación en el tradicional modelo europeo de financiación de la cultura?
El teatro de Wuppertal ha sido una de las víctimas más recientes, pero no la única. El Teatro Nacional de Mannheim, el más antiguo de Alemania y orgullo patrio, está en ruinas. El techo se deshace, la fachada se cae a pedazos y las escaleras y el foyer no cumplen la normativa de seguridad de incendios. Sus prestaciones como edificio están completamente desfasadas, pero no dispone de los 25 millones de euros necesarios para su restauración. Ello no es obstáculo para que la ciudad se postule como candidata para ser Capital Europea de la Cultura en 2020.
El alcalde de Wuppertal anunció ya el año pasado medidas de austeridad como el cierre de piscinas y bibliotecas. Además ha reducido una quinta parte el presupuesto municipal para los teatros, lo que ha conducido al cierre de la sala municipal. Artistas de más de 20 teatros alemanes participaron en un maratón escénico de 24 horas en Wuppertal como protesta por esta decisión. Se solidarizan con sus compañeros, pero también está en juego su propio futuro en otros teatros del país.
Las orquestas estatales, por su parte, temen que los recortes afecten a su supervivencia. Se alzan diversas voces que defienden la necesidad de las ayudas públicas para estas formaciones, pero deben de intuir que algo está cambiando en este ámbito, porque comienzan a plantearse modelos de financiación que incluyen el dinero privado.
Comentarios