El poder de convocatoria de Domingo obró varios milagros: que la sala se mantuviera llena hasta el final, que se estrenara esta ópera de Haendel en ella, que gustara, y que los aplausos compitieran ventajosamente con el de títulos más populares. De paso, comprobar que una versión de concierto no tiene por qué resultar aburrida o menos interesante que una puesta en escena (sobre todo algunas…) cuando los artistas actúan e interactúan (incluso si no llevan un traje estrafalario como la vestimenta que lució para la ocasión Cencic). Hubo un milagro adicional, que fue el de que Lacey, que se presentaba en esta ocasión y que dirigió el título con Domingo en Washington, consiguiera que integrantes de la orquesta -en el foso- sonaran muy en estilo y muy bien.Las cuatro horas, siempre con algún corte y agregado, lo que parece Haendel en su salsa,…
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