Hace más de un año afirmaba yo desde Bruselas que no volvería a ver un concierto de Roberto Alagna a menos que se tratara de una ópera completa o de algo raro o poco trillado. He incumplido con este concierto del Festival, que pese a la presencia notable de compatriotas del tenor con sus ramos de flores, no estaba lleno. Y si bien la prestación del tenor fue superior a la de entonces y no lo acompañaba nadie de su familia (sí el mismo director), espero no llegar a la tercera vez. El único motivo de real interés fue su canto, directo, poderoso, bellísimo de timbre, clarísimo de articulación, seguro a más no poder. Es cierto que el programa le convenía más que el de Bruselas, ya que la única vez en que no pudo evitar la media voz (el aria de Zandonai, que cantó magníficamente de todos modos -parece que Romeo es un personaje con el que se…
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