El argentino envidioso soy yo. Melómano y criado en la vanagloria de un Buenos Aires erróneamente descrito como “el” centro cultural de America Latina, siempre soñé con un país no sólo famoso por los mejores jugadores de fútbol sino también, algún día, por la mejor orquesta sinfónica latinoamericana. A los sesenta y uno, ya no sueño mas. Prefiero admirar una realidad como la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela en los Promenade Concerts de la BBC o “Proms” de Londres. Hay, por supuesto niños y adolescentes argentinos de sobra para comenzar una labor generacional capaz de lograr que en veinte o treinta años una orquesta argentina pueda actuar en los mas importantes festivales europeos. De hecho, son muchos y muy empeñosos los grupos que se empeñan en hacer buena música en Argentina. Pero no hay allí una ética de educación musical…
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