Deliciosa matinal mozartiana en la abarrotada Gran sala del Mozarteum (solamente delante de mi localidad había una silla vacía). Programa generoso, con dos sinfonías, un concierto y la música masónica. Intérpretes de primera, con la jovencísima Julia Fischer y el experimentado Ivor Bolton y una orquesta ad hoc. Julia Fischer estuvo comedida y en ningún momento pretendió hacer alardes del virtuosismo que posee, ni siquiera en la cadencia. Sí se soltó la melena en la propina de Paganini, cuando ya estaba más relajada. Ivor Bolton abrió el concierto, con su menuda batuta en ristre y su sencillo traje con corbata un pelín hortera; la cosa tiene su gracia cuando se compara con el impecable atuendo de los profesores de la orquesta o el del respetable, donde no faltaban los tradicionales Dirndl y Tracht en damas y caballeros. Claro que el…
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