El pasado 28 de junio la ciudadanía cordobesa sufría un enorme varapalo cuando la candidatura de la ciudad a ser nombrada capital europea de la cultura en 2016 fracasó por motivos, según manifestó el jurado pertinente al justificar el “fallo”, de todo tipo salvo los precisamente culturales. Córdoba era la favorita en todas las quinielas e incluso algunos medios lo afirmaban públicamente horas antes del veredicto. Pero Córdoba es en sí misma capital cultural y se lo ha ganado a lo largo de los siglos sin necesidad de títulos institucionales, bien que le hubiese venido de perlas en cuanto a promoción económica, cultural y turística que, en el fondo, es lo que ofende realmente de la decisión final.
Este era el ambiente psicológico en la ciudad cuando dio comienzo el XXXI Festival Internacional de la Guitarra el pasado 5 de julio. Por cierto,…
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