Me gustó mucho el concepto escenográfico de Anselm Kiefer para esta Elektra producida originalmente por el San Carlo de Nápoles. Por varias razones, pero principalmente porque concede al personaje de Elektra un espacio físico y psíquico propio. El de dónde situar la madriguera de Elektra es un problema recurrente en las producciones de esta ópera y que el mismo libreto de Hofmannsthal no ayuda a solucionar, pues señala que Elektra habita el patio interior situado tras el palacio de Agamenón, el mismo en el que diariamente las sirvientas de la casa sacan agua del pozo y realizan sus labores. Elektra vive y ronda por este espacio compartido, sin hogar y sin dignidad, y eso es lo que suele ocurrir en la mayoría de las producciones, que sólo reservan una pequeña esquina del escenario al “hogar” de la desamparada hija del rey micénico.…
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