Así arranca la Orquesta Sinfónica de Bilbao (BOS) el primer concierto de la temporada; no con un solista sino con cuatro. Además no cuatro cualquiera: son los cuatro gigantes de la trompa. El Señor X, quien ya me había acompañado en otra aventura musical a escuchar la música de Sofia Gubaidulina, quiso venir en esta ocasión porque tenía muchas ganas de oír en directo a Stefan Dohr, pero cuando empezó a sonar la Konzertstük, el Señor X no daba crédito a lo que estaba oyendo; se removía ansioso en su asiento preguntándose qué era lo que fallaba para que el sonido no se proyectara y pareciera que estaba encajonado en el escenario.
Y es que, efectivamente, la sensación era esa. La partitura era floja y eso lo notaban todos los músicos de forma que esa incomodidad era la que transmitían en muchos momentos. Hay que decir que no es lo mismo un…
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