El Teatro de Ballet Ruso de San Petersburgo evoca en su nombre el eco de las damas de Guermantes, de los triunfos de Diaguilev, de las creaciones de Erté. No obstante, esta joven compañía apenas cuenta con veinte años de rodaje. Un plazo de tiempo suficiente, en cualquier caso, para haberse hecho un hueco en la difusión de esa joya cultural que es la tradicion de la danza rusa. De ahí que sus representaciones, concebidas más como espectáculos para toda la familia que como deleite de intransigentes estetas, tengan una gran demanda; de hecho la sala escurialense estaba abarrotada de espectadores de todas las edades, con una presencia especialmente notable de niñas aspirantes a cisnes; y quizá también por tal éxito de taquilla escasearon los programas de mano, cuya redacción y maquetación, por cierto, deberían haber sido repasadas con mayor…
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