Cuando ya han transcurrido algunas semanas desde que finalizara la Quincena Musical de San Sebastián, podemos decir, en perspectiva, que esta 62. edición del festival decano del verano ha alcanzado, en términos generales, un nivel de sobresaliente. Cierto es que se han producido fiascos como el concierto de Maazel con la Philharmonia, pero por lo demás los espectáculos han sido buenos (Sinfónica de Tenerife, Rigoletto de Miller), muy buenos (ciclo Mozart por Zacharias, Gala Verdi, Capella de la Pietà de Turchini) o excepcionales (Concertgebouw de Amsterdam-Chailly, Requiem de Verdi por el Orfeón); todo lo anterior ciñéndonos exclusivamente a lo que ha sido la programación central del Kursaal y dejando al margen otros muchos recitales de música de cámara, antigua y contemporánea.Como fiesta de clausura, la Quincena quiso dar especial…
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