Stern tenía más méritos extramusicales que musicales, y de hecho, su fama se la labró no tanto con su violín al hombro como con su capacidad para lograr que los ricos judíos neoyorkinos apostaran por el Carnegie Hall.La industria del entretenimiento nos enseñó desde sus orígenes que lo importante no era llegar, sino llegar el primero. Así que ¿qué más da que Isaac Stern fuera un gran violinista si no era el mejor?. Por encima de él estuvo siempre Jascha Heifetz, que era no sólo más rápido sino también más guapo. Y la oportunidad que podía haber tenido se la arrebató Yehudi Menuhin, que era más alto.Nosotros, como simple público, también hemos jugado a 'mejor y más grande', y sin ir más lejos nuestra propia lista es un ejemplo virtual de ello. ¿Mi violinista es mejor porque.... y el mío más porque.... Yo a X le daría un 8 en y un 4 en…
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