Pocos testimonios gráficos como el de Jan Vermeer nos han sido legados para hacernos una idea de cómo era la vida musical en el siglo XVII. Vermeer está de moda y no es de extrañar, pues las escenas cotidianas que salieron de los pinceles de este genial pintor holandés son de una belleza sublime. Renoir, por ejemplo, llegó a afirmar que el cuadro La Bordadora era el más bello jamás pintado, junto a Embarque para Citera, de Watteau. La afirmación, aunque parezca un tanto exagerada, puede servir para evidenciar la admiración que siempre ha suscitado Vermeer, a pesar de que su obra se reduce a sólo 36 cuadros. Un tercio de ese bagaje pictórico tiene que ver con la música. O, más concretamente, con los instrumentos musicales más utilizados en aquel periodo: virginales, claves, laudes, guitarras, mandolinas, violas da gamba, flautas… No es…
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