La noche de la primera puesta londinense de La muerte de Klinghoffer, un apacible anciano nos esperaba a la entrada del teatro con una pancarta: “Minusválido asesinado por terroristas. Asesinado por ser judío. Disfruten de su velada en la ENO.” Y una de las hijas de Klinghoffer volvió a denunciar la obra en la BBC como un intento de humanizar el terrorismo, porque ¿cómo es posible siquiera concebir que los asesinos de su padre hayan tenido los rasgos de humanidad que insinúa la obra? Como reafirmando esta aprehensión, el poético coro inicial de los exilados que abre esta, la más bella ópera de John Adams, evocó los horrores del desplazamiento de los palestinos, mientras paneles de fondo proyectaban ese desierto donde la lucha por el agua y la vivienda se hace cada vez mas acuciante. Cuando nada se proyecta sobre ellos, los paneles…
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