Resulta difícil describir la alegría de los oyentes que colmaron la sala del teatro. Muchos fueron a escuchar y ver qué sucedía con la orquesta salteña luego de la renuncia del director titular y su rápido reemplazo por el maestro Jorge Lhez, director asistente desde la fundación del grupo sinfónico. Escuché muchas frases pero hubo una que impresionó: “Volvimos a tener orquesta”. Pero vale la pena corregir: orquesta siempre hubo, aunque las conducciones no fueron lo que la gente esperaba. El repertorio elegido fue de alta exigencia. Se inició con una obertura beethoveniana de casi diez minutos de duración. La lectura del maestro Jorge Lhez fue de inmaculada corrección. Las tonalidades oscuras brindaron el marco justo para el épico tema principal. Muchas veces dije que los dos elementos más importantes del arte musical son la afinación y…
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