Cuando uno asiste a un recital de Anna Caterina Antonacci se da uno cuenta, tarde o temprano, que forma parte de un evento. Algo ocurre ya que apenas entra en la escena la artista, el carisma, la clase, la extraordinaria belleza indemne de Antonacci anunciando un rito especial está a punto de manifestarse: la sacerdotisa de la música, de la gestualidad, de la palabra está allí para la iniciación de un nuevo adepto y para suscitar sueños multicolores a quien ya la conoce. De todas formas siempre se tiene la idea que ella canta para uno y solo para uno.… Esta artista siempre nos deja sin palabras por su capacidad de vibrar las cuerdas más secretas de cada uno de nosotros, y además, los que escuchan tienen la extraña sensación que el tiempo se detiene. Surge espontánea la reflexión que el tiempo para ella hubiera hecho una excepción y se…
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