La extraordinaria obra de Massenet –alguno alzará ya una ceja o ambas con esta calificación- debe siempre su aparición o reaparición (en este caso lo primero) a alguna gran diva que se ve con las fuerzas suficientes para hacer frente al personaje: así, en los últimos veinte años, salvo algunos intentos aislados, su valedora excepcional ha sido la Fleming.
Más raro es, o directamente es una primicia absoluta, que lo que consiga poner a la obra en una temporada sea el protagonista masculino (ciertamente tan importante como su contraparte femenina). Si se trata de Plácido Domingo, más aún. Y el teatro, con seguidores y fundamentalmente seguidoras internacionales del gran cantante, ofrecía el aspecto singular de un aforo completo en las localidades bajas que iba raleando conforme se subía. También había alguna elegante japonesa y otra europea…
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