La Ópera de Flandes presentó, en primera mundial, la versión original francesa de la ópera inacabada de Donizetti cuya terminación fue confiada a Giorgio Battistelli, quien demostró no sólo profundo respeto y comprensión por el material recibido (incluidos fragmentos o la orquestación de la versión italiana de 1882) sino su capacidad para colmar las lagunas -totales como el final, 35 minutos- o parciales, como en el tercer acto, sin renunciar a ser él mismo (en particular fue notable la versión, con cabaletta incluida, de la gran aria del barítono). La atención y el entusiasmo del público fueron notables y merecidas. El Teatro trató de contar con las mayores garantías y naturalmente encomendó una puesta en escena a la que se le pueden discutir muchas cosas, pero no interés. Que algunos de los decorados de Flores hicieran pensar más en el…
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