Al subir el telón vemos una estructura de ladrillo gris. En medio, una gran bóveda casetonada abre un pasillo que se pierde en el fondo del escenario. Todo está en alto, en un nivel superior. A lo largo de la función irá cambiando, alterándose, transportando al público a una época remota aunque revitalizada, un tiempo traído al presente. Entre clásico y moderno, pero sin perder el gancho ni la sugestión, como suele ocurrir en los montajes firmados por el veterano Pier Luigi Pizzi.
El octogenario director de escena ha demostrado con esta nueva producción que sigue siendo el gran escenógrafo de nuestros tiempos, con el permiso del señor Zeffirelli, y que su estilo está tan casado con las modas del momento como con la intemporaneidad de lo eterno y lo imperecedero.
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