Uno de los mellizos quería cantar, pero las autoridades se decidieron por el violín, y a Saimir Pirgu no le quedó mas remedio que cumplir órdenes hasta la caída del comunismo en su país natal. “¡Pues era un asunto simplísimo!, como debe serlo en Corea del Norte”, me comentó con ese humor suave e irónico que mantuvo a lo largo de toda la entrevista. “Los jerarcas nos escuchaban y después mandaban una carta a los padres con instrucciones precisas. Si cantas entonado te mandamos a las cuerdas. Si tienes manos largas, pues…¡pianista! ¡Y como llegué a odiar el violín! De los ocho a los diez años tuve que estudiarlo desde las seis al medio día. A las tres de la tarde, escuela de música. Luego estudiar hasta las seis y a la cama a las ocho. Y sí, tal vez el sufrimiento y la disciplina fueron importantes en mi formación, ¡pero que tortura! En…
Comentarios