Italia

Caracalla, Attila y un funeral por Odabella

Alejo Palau

viernes, 17 de agosto de 2012
Roma, martes, 31 de julio de 2012. Terme di Caracalla. Attila, ópera en un prólogo y tres actos con música de Giuseppe Verdi y libreto de Temistocle Solera, basado en la pieza teatral Attila, König der Hunnen de Zacharias Werner. Fue estrenada el 17 de marzo de 1846 en el Teatro La Fenice de Venecia. Producción del Teatro dell'Opera di Roma. Pier Luigi Pizzi, director de escena, escenografía y vestuario; Vincenzo Raponi, iluminación. Reparto: Orlin Anastassov (Attila), Dario Solari (Ezio), Lucrecia García (Odabella), Kamen Chanev (Foresto), Antonello Ceron (Uldino), Luca Dall'Amico (Leone). Coro y Orquesta del Teatro dell'Opera di Roma. Donato Renzetti, director musical. Temporada estiva 2012. Ocupación: 60%

Eso de que las segundas partes nunca fueron buenas parece cumplirse en la producción de Attila que ha presentado Caracalla. Si hace unos meses hablé de la genialidad con que Muti dirigió esta ópera en el Costanzi, hoy lamento el mal sabor de boca que me he llevado al salir del monumental complejo de las Termas.

En mayo la Ópera de Roma estrenó una nueva producción de la obra de juventud de Verdi, que ha recuperado para su temporada estiva con un cast bastante menos convincente que aquel Abdradzakov-Serjan del que pudimos disfrutar entonces. Pero vayamos por partes.

Primeramente, en el apartado vocal Orlin Anastassov asumió el rol titular del drama. El bajo ruso posee unas grandes cualidades vocales y un hermoso timbre. Sin embargo, pese a no decepcionar, tuvo una limitada proyección desde el inicio del espectáculo y se mostró poco acorde con la intensidad que requiere la fuerte psicología del cruel Attila.

Dario Solari, Orlin Anastassov, Lucrezia Garcia y Kamen Chanev. Fotografía © 2012 by Lelli e Masotti

Por su parte, Lucrecia García fue una Odabella carente de interés musical. Sí, tiene buen centro, pero unos agudos feos y ahogados. Posiblemente donde más pudieron verse estas faltas fue en la aria Santo di patria –por colmo lo primero que canta en toda la ópera¬– que abordó sosamente, sin variar ni si quiera en las repeticiones y haciendo gala de una coloratura deficiente. Una lástima.

No es la primera soprano que escucho cantando el papel y con las mismas limitaciones. Odabella necesita la voz de una lírica ligera, pues una soprano propiamente lírica se queda corta en los partes altas. Recordemos que, aunque se trate de Verdi, estamos todavía en una época en que su producción era principalmente belcantista.

Pero no todo fue negativo. En su regreso a las Termas, el fantástico barítono uruguayo Dario Solari triunfó con un rotundo y vigoroso Ezio que estuvo muy por encima de sus compañeros. Nunca lo había escuchado en directo y es realmente una gozada ver cómo juega con la voz y se inmiscuye en el personaje.

Kamen Chanev interpretó a Foresto correctamente, abrazando al personaje de forma honrada y correcta, cosa que es de agradecer, pero nada más.

Fotografía © 2012 by Lelli e Masotti

Tampoco funcionó la versión adaptada del montaje de Pizzi. Si en su momento me pareció muy dinámica y convincente, las condiciones del escenario de Caracalla han obligado a dejarla completamente estática. Hasta el punto que toda la ópera ha tenido el mismo fondo, sin cambiar nada de lugar y logrando una monótona sensación. Ello hace que el espectador que no esté muy familiarizado con la ópera no sepa distinguir cuando la escena transcurre en Aquilea o en Roma, cuando están de banquete o cuando conspiran para matar a Attila.

Para mi sorpresa el Coro también tuvo algún momento flojo, aunque en los puntos intensos cantó correctamente. La batuta de Renzetti fue precisa, aunque no me gustó la lentitud con la que dirigió el final del segundo acto. No obstante, cabe ser justos y admitir que es algo personal y no interfirió en el estilo de la obra, que es lo que requiere mayor trabajo.

Por último, deben saber que, al ser un espacio abierto, todos los cantantes llevan micrófono. Lejos de lo que se podría imaginar, la amplificación de la voz es muy natural, pero en algunos pasajes la orquesta (también con micros) quedó descompensada.

A fin de cuentas, y visto lo visto, mejor que suene bien fuerte y así nos ahorra escuchar según qué cosas.

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