En una de sus excursiones por los Alpes berneses, fue a parar Goethe a los pies del macizo que forman el Eiger, el Mönch y la Jungfrau. En Lauterwasser ("las fuentes límpidas"), quedó anonadado al contemplar la cascada de Staubbach sobre el Weisse Lütschine, que, con su hermano el Schwarze Lütschine, desagua en el Aare (en el Lago de Brienz) para engrandecer, con el Limmat y el Reuss, kilómetros al norte, al gran Rin. De su contemplación compuso Goethe los treintaicinco versos en seis estrofas del poema que empieza así: El alma del hombre/se asemeja al agua:/viene del cielo/y al cielo asciende,/otra vez abajo/vuelve a la tierra,/siempre cambiando Dicho texto llevó a Schubert a componer hasta cuatro versiones musicales: un Lied inacabado, un cuarteto a capella para dos tenores y dos bajos, luego con acompañamiento de piano (también…
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