Después de una semana de música de cámara, el festival de Lucerna retomaba su actividad sinfónica con dos nombres propios de la orquesta: Beethoven y Bruckner. A ambos compositores les viene como anillo al dedo el tema central del festival de 2012: La Fe. Cada uno, naturalmente, desde su propia realidad. El programa reproducía la estructura clásica: concierto en la primera parte y sinfonía en la segunda. Las piezas elegidas, en cambio, estaban en las antípodas respectivas: el Tercer concierto para piano de Beethoven y la Primera sinfonía de Bruckner. Cuando hablo de antípodas, me refiero a su frecuencia: sólo en Lucerna, el concierto de Beethoven se dio ya en el lejano 1949 (Edwin Fischer y Herbert von Karajan) y la última vez, en el de 2011 (Mitsuko Ushida y Mariss Jansons). Piedra de toque de pianistas y orquestas, el Concierto de…
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