Ver la platea, los palcos, la cazuela, la tertulia, las galerías y el paraíso del Teatro Colón colmados de oyentes, es sencillamente espectacular. Vino la gente motivada por una variedad de causas: el sexagésimo aniversario del Mozarteum, la presencia de su legendaria presidente Jeannette Arata de Erize, la llegada de una orquesta de renombre internacional, un repertorio singularmente atractivo con la música eslava de Dvorák; sí, todo eso, importante, es cierto, pero de pronto apareció la admirada y querida figura de Zubin Mehta y en ese momento, el público explotó. No importaba ya si su trabajo iba a ser bueno o no, importaba su concurrencia, su figura en el escenario, su andar cansino pero glorioso de sus setenta y seis años. No es fácil para nadie, en ninguna actividad humana, reunir reconocimiento por el trabajo bien hecho y sincero…
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