De los tres grandes ballets que Prokofiev compuso durante su etapa “soviética”, Romeo y Julieta es el que mejor ha pervivido en Occidente (en Rusia se siguen representando Cenicienta y La flor de piedra), no sólo en los teatros, sino también en las salas de concierto, donde no es infrecuente escuchar alguna de sus suites, o incluso determinados números como propina fuera de programa. Por el contrario, Cenicienta apenas se baila, y desde luego no se escucha en los conciertos sinfónicos. Y no es porque su música desmerezca ante el hermano mayor. Al contrario, la escucha de este ballet revela el Prokofiev más admirado: el gran orquestador, el melodista emocionante, el dominador de las métricas irregulares, el hábil contador de historias… a todos ellos se reconoce en esta partitura desde el primer número (una melodía apasionada…
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