En esto de los gustos musicales, además de las obras y los intérpretes favoritos de cada uno, también está la cuestión del horario. Hay músicas que sólo puedo escuchar por la noche, y también hay músicas que prefiero escuchar por la mañana. Mi patria es una de esas obras que me suenan mejor con el desayuno, de modo que la programación de este concierto a las once de la mañana de este domingo me pareció todo un acierto, tanto más cuanto que hoy -al parecer- la ola de bochorno también ha abandonado Lucerna, y se puede finalmente respirar el aire de la montaña. La pequeña decepción vino en el momento de abrir el programa de mano, al descubrir que habrá una pausa a mitad de la obra. Algo que no tiene razón de ser, habida cuenta de que los seis poemas sinfónicos forman un todo, y que la cosa no dura en total más de cinco cuartos de hora. La…
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