Cuenta la historia que un periodista le preguntó a Ravel, en memoria de quién escribió la Pavana para una infanta difunta. La inesperada respuesta fue: “Aunque no lo crea, cacofónicamente me gustaron el sonido de estas palabras juntas. No está compuesta en memoria de nadie”. La pieza fue magistralmente ejecutada por Izcaray y la orquesta. Recatada, sutil, de paisajes que muestran una cierta lejanía, espiritual y aristocrática. Para nada pusilánime como un famoso crítico dijo alguna vez, lo cual me viene bien para recordar que el crítico nunca es dueño de toda la verdad sino solo de su propia verdad. Buen inicio para un repertorio basado en los dos compositores representativos del maravilloso impresionismo francés. Luego apareció nuestra conocida solista, Fernanda Morello. Fue emotivo ver a una de sus primeras maestras, María Fernanda…
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