Empecemos con los conciertos para piano. Murray Perahia tocó el primer movimiento del Cuarto de Beethoven con delicada articulación y la mezcla de tensión y aplomo necesaria para dar sostener esa atmósfera a la vez tranquila y cargada de intensidad que hacen de este allegro moderato un memorable y único momento musical. El andante con moto alcanzó una clarividencia casi metafísica, y el rondo salió mágicamente huidizo y de contenida pero luminosa expresividad. Si la instrucción de vivace fue seguida con reticencia, ello se debió tal vez a la timidez de Haitink, correcto y soberano en su lectura, pero falto de esa pizca de humor que algunos interpretes saben infiltrar tan bien como elemento fundamental de cualquier partitura beethoveniana. En el Concierto nº 2 de Brahms Bronfman, dejó correr sus manos con segura espontaneidad en el…
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